17 de octubre de 2010

17 de octubre de 1953



En qué habrá afectado a nuestra existencia el hecho de ser mujeres?¿Qué oportunidades, exactamente, nos han sido dadas y cuales nos han sido negadas? ¿Qué suerte pueden esperar nuestra hermanas más jóvenes y en qué sentido hay que orientarlas?, se pregunta Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo.

A finales del siglo XVIII Francisco de Miranda -precursor de la independencia de Venezuela- en una conversación con el alcalde de París, M. Pethion, comentaba: “¿Por qué en un gobierno democrático la mitad de los individuos no están directa o indirectamente representados, siendo así que ellas, las mujeres, se hallan igualmente sujetas a esa severidad de las leyes que los hombres han hecho conforme a su voluntad?”. Miranda, quizás, hacía eco de una Declaración de Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactado por Olimpia de Gauges en 1791.

Muchos años después, al grito de “Que lo repita”, “Que lo repita”, mas de 20 mil mujeres congregadas en el Parque 18 de Marzo, de la ciudad de México, el 6 de abril de 1952, demandaban al candidato presidencial Adolfo Ruíz Cortines que cumpliera con su promesa de plasmar en la Constitución el derecho de las mexicanas a votar y ser electas.

El 17 de octubre de 1953, “don Adolfo” –ya como presidente- promulgó las reformas que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal. El nuevo texto del artículo 34 Constitucional señalaba: “son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.

Se consumaba así una lucha y comenzaba otra que parece interminable: aquella que tiene que ver con la ciudadanía plena de las mexicanas.

Ese reconocimiento no fue un obsequio ni una concesión, sino el resultado de movimientos universales y locales a favor de la equidad de género. “El voto no es una concesión, nacemos con derechos”.
Las primeras peticiones para la obtención del voto se remontan a los inicios de la etapa republicana. En 1821, un grupo de mujeres de Zacatecas, pidió al gobierno, que se les considerara ciudadanas por su contribución a la causa de la independencia.

En 1884 y 1887, la revista femenina Violetas del Anáhuac, fundada y dirigida por Laureana Wright González y escrita solamente por mujeres, demandó el sufragio femenino.

Hacia 1910, diversas asociaciones se unen a Madero, entre ellas el club femenil antireeleccionista “Las Hijas de Cuauhtémoc”. Posteriormente, el 13 de enero de 1916, se realizó el primer Congreso Feminista, impulsado por Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán. Uno de los principales acuerdos a los que se llegó fue demandar que se otorgara el voto a las mujeres.

La Constitución Política de 1917, no otorgó expresamente ese derecho.

En abril del mismo año, se expidió la Ley de Relaciones Familiares, según la cual los hombres y las mujeres tienen derecho a considerarse iguales en el seno del hogar.

Del 20 al 30 de mayo de 1923, la Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres convocó al Primer Congreso Nacional Feminista, que se reunió en la Ciudad de México. Sus principales demandas fueron la igualdad civil para que la mujer pudiera ser elegible en los cargos administrativos y el decreto de la igualdad política y la representación parlamentaria.

El 13 de julio de ese mismo año, el gobernador de San Luis Potosí, Aurelio Manrique, expidió un decreto en el que se concedía a las mujeres potosinas el derecho a votar y a ser elegidas en elecciones municipales.

En Yucatán, Elvia Carrillo Puerto resultó la primera mexicana electa diputada al Congreso Local por el V Distrito, el 18 de noviembre de 1923.

En 1937 el presidente Lázaro Cárdenas reforma el Artículo 34 constitucional, como primer paso para que las mujeres obtuvieran la ciudadanía.

El 24 de diciembre de 1946, se aprueba la iniciativa enviada por el presidente Miguel Alemán, en la que se adicionó el Artículo 115 Constitucional, que establecía que en las elecciones municipales participarían las mujeres en igualdad de condiciones que los varones, con el derecho a votar y ser elegidas.

El 3 de julio de 1955 las mujeres acuden por primera vez a las urnas a emitir su voto. En esa ocasión se elegía a diputados federales para la XLIII Legislatura.


Ahora la reivindicación de los derechos va más allá: la lucha contra la violencia, esa que día a día se ejerce en el hogar por medio de golpes, palabras o actitudes, esa que día a día maltrata a muchas mujeres que dan todo por sostener a sus hijos a costa de su integridad misma.

Para alcanzar esa suprema victoria es necesario, entre otras cosas, que por encima de sus diferencias naturales, hombres y mujeres afirmen sin equívocos su fraternidad.

Un mundo tal es posible.

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