10 de octubre de 2010

Las contradicciones del régimen político chino












"Tenemos que hablar cuando otros no pueden” - Thorbjoern Jagland.

Al ser galardonado el disidente chino Liu Xiaobo con el premio Nobel de la Paz, puso en primeros planos las contradicciones del régimen político de su país.

Liu, profesor universitario y periodista, recibió el premio “por su larga y no violenta lucha por los derechos fundamentales en China”. “El Comité Nobel de Noruega considera que hay un estrecho vínculo entre los derechos humanos y la paz”, explicó el presidente del Comité, Thorbjoern Jagland.
Liu, 54 años, casado y padre de dos hijos, fue detenido por primera vez tras la represión del movimiento estudiantil de la plaza de Tiannamen de Pekín en junio de 1989. Pasó un año y medio tras las rejas. Volvió a ser detenido a fines de 2008 por haber impulsado la Carta 08, una petición que abogaba por reformas políticas en el régimen comunista chino. El juicio se celebró en diciembre de 2009 y fue condenado a 11 años de cárcel por tentativa de “subversión del poder del Estado”.

China es una república gobernada por el Partido Comunista Chino, en un régimen unipartidista. La estructura de poder se apoya en tres ámbitos fundamentales: el Partido y subordinados a éste, el Ejército y el Estado. Estos tres cargos están ocupados por el mismo hombre, Hu Jintao. El Poder Judicial también está subordinado al partido.

Las reformas para fomentar la inversión extranjera, determinaron la creación de zonas económicas, donde se concentró el desarrollo industrial proveyendo el Estado grandes inversiones en instalaciones, servicios públicos y creando centros habitacionales para trabajadores, convirtiéndola en la mayor potencia manufacturera. Se calcula que un 25% de todos los bienes manufacturados del mundo se produce en China.

Este “socialismo de mercado”, que ha despojado los derechos fundamentales de la mayoría china, ha dado lugar a una clase político-empresarial que les ubica entre los más ricos del mundo. Los extravagantes hábitos de compra de esta “segunda generación de ricos”, ha sorprendido a muchos. 

Por ejemplo, la creciente tendencia de los inversionistas chinos en comprar masivamente edificios residenciales, está estimulando el aumento del costo de la vivienda en Australia.

Un gran número de chinos que participan en las subastas son estudiantes adolescentes o jóvenes de sólo 20 años. En un suburbio de Melbourne, una estudiante china de 19 años de edad compró una casa de tres dormitorios en 1,82 millones de dólares australianos (US$ 1,6 millones).

En 2008, el empresario petrolero Zeng Wei y su esposa, Jiang Mei, pagaron AU$ 32,4 millones (US$ 28,1 millones) por una vivienda en Point Piper, un suburbio al este de Sydney. Fue la tercera casa más cara vendida jamás en Australia.

El padre de Wei, Zeng Qinghong, fue vicepresidente de la República Popular China desde 2003 hasta 2008.

Los medios locales también informaron que la pareja planeaba derribar y reconstruir la casa por AU$ 5 millones (US$ 4,3 millones), la más alta suma de dinero gastada en un proyecto de demolición y reconstrucción de una residencia en la historia de Sydney.

Una fastuosa fiesta de compromiso en China, en la ciudad de Qingdao, situada en la provincia nororiental de Shandong, con regalos extravagantes de millones de dólares, captó la atención internacional. Tan solo el regalo de compromiso para la novia costó 80 millones de yuanes (aproximadamente US$ 11,8 millones); mientras que la dote de su boda, que incluía una casa y dos vehículos de lujo, se estimó en 100 millones de yuanes (US$ 14,8 millones).

Después de 30 años de iniciada la reforma económica, China está tercera en el ranking mundial de PBI. Sus exportaciones masivas la llevaron a contar con la mayor reserva de divisas extranjeras. No obstante, si bien en el exterior algunos analistas parten de esta base para elogiar las reformas económicas y el actual sistema político, muchos otros aún se preguntan por qué, en estas circunstancias, la extrema pobreza de 800 millones de habitantes del interior se perpetúa. La principal ventaja comparativa: una inmensa población activa que crece en diez millones de personas al año a la que cabe añadir un ejército de reserva –un acertado concepto del propio Marx– de otros catorce millones de trabajadores procedentes del éxodo rural. Esta es la base sobre la cual descansa el régimen chino.

El insultante enriquecimiento de la clase política refleja la drástica polarización de la sociedad china. 

“La realidad es que China tiene numerosas leyes pero no un Estado de Derecho, tiene una Constitución pero no un gobierno constitucional. La élite al mando continua aferrada a su poder autoritario y rechaza toda evolución hacia cambios políticos”, señala la Carta 08 de la disidencia china, firmada, entre otros, por Liu Xiaobo.

3 de octubre de 2010

La izquierda y la Obsesión por el Pasado




La pasión necrológica sigue consumiendo gran parte del discurso político y la energía de la izquierda. En un manto de legitimidad histórica, buscan justificar su hoja de ruta en los legados del pasado, más que en los requerimientos del futuro.

Genera más polémica dónde enterrar a los héroes del siglo XIX en lugar de debatir el contenido que deben tener los planes y programas de estudios de los niños y jóvenes del siglo XXI.

Hugo Chávez hizo desenterrar los restos de Bolívar, que habían estado descansando durante más de un siglo en el Panteón Nacional, para hacer una “investigación científica e histórica” de su muerte.

Pero en esto de la “legitimidad histórica”, el presidente de Venezuela no está solo. En la ceremonia de apertura de la Cumbre de las Américas de 2009 en Trinidad y Tobago, Barack Obama respondió a los presidentes de Argentina y Nicaragua que minutos antes habían pronunciado apasionados discursos centrados en la historia de las relaciones latinoamericanas con Estados Unidos y el Caribe, en un recuento de todas sus injerencias desde comienzos del siglo XIX.

Finalizada la diatriba de Daniel Ortega, Obama con una sonrisa cordial, comenzó con una broma de la invasión a Bahía de Cochinos. “Estoy muy agradecido que el presidente Ortega no me haya culpado personalmente por cosas que pasaron cuando yo tenía tres meses de edad”.

Acto seguido reconoció que Estados Unidos había hecho cosas buenas y malas en el pasado, pero anunció que había llegado el momento de dejar atrás debates estériles y concentrarse en el futuro.

“No he venido aquí para debatir el pasado. He venido aquí a lidiar con el futuro”.

¿Por qué en este proceso electoral de Guerrero no discutimos planes estratégicos para reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de los guerrerenses y superamos los rollos “retro” de nuestra izquierda? ¿Cuál será su discurso cuando Figueroa no esté? ¿Por qué no tomar el ejemplo de Pepe Mujica, ex guerrillero y actual presidente de Uruguay, quien convocó a que bajo su gobierno creará las condiciones políticas transformadoras de largo plazo, con políticas nacionales no de un partido. Mujica y su esposa Lucia Topolansky (preside actualmente el Senado) pasaron 13 años en la cárcel, pero en el Uruguay de hoy, llaman a la reconciliación, incluso a aquellos que asesinaron y desaparecieron a sus compañeros Tupamaros. De la cárcel salieron con la cabeza lúcida y el compromiso entero.

Ese es el dirigente que sin haberse dejado “convertir” por las ideas dominantes en el presente, tampoco se siente atado a las ideas que defendió en su pasado, sin por ello renegar de las mismas. En nombre de las viejas luchas se puedan validar los nuevos encuentros.

No deja de tener una gran importancia simbólica y práctica que Mujica, cargando una mochila de 74 años en la que seguramente pesa un justificado rencor, se comprometa a los cuatro vientos con el desafío de la pobreza y evite el atajo de distraer a sus seguidores con juicios a represores que son, en muchos casos, más viejos que él. Y que invariablemente pertenecen al pasado. A él, que también protagonizó esa historia, todavía lo convoca el futuro.

Otro ejemplo a imitar es Mandela. Cuando en los 90 asumió la presidencia de Sudáfrica estrechó la mano de sus carceleros, ante la incomprensión de los radicales.

En todos estos casos no se trató de indultos o amnistías a determinados responsables políticos, sino de pacificar los ánimos sociales para cuidar la construcción democrática.

Resulta probable, que los desaparecidos compartirían la postura de Mujica y Mandela en torno a la necesidad de mirar hacia adelante. Lo harían porque pertenecieron a una izquierda apasionada por el futuro. Lo harían porque no entregaron sus vidas para que una proporción alarmante de la izquierda actual, desorientada y desmotivada ante el porvenir, agote sus magras energías ocupándose de ellos.

Reclamar justicia por las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el pasado es obligación preeminente. Pero en más de una ocasión ha demostrado no serlo y se ha convertido, incluso, en un objetivo de militancia sobreactuada que sirve para maquillar imperdonables claudicaciones.

Una parte significativa de la izquierda ha desarrollado una fijación con el pasado que en su oportunismo posmoderno le sirve de subterfugio para seguir considerándose como tal aunque haga poco y nada en el presente para merecer este apelativo.

Con esta actitud de complacencia ideológica y de obsesión por el pasado, los “herederos” de aquellos activistas solo contribuyen a reproducir una realidad social todavía más injusta que la que sus muertos y desaparecidos buscaban cambiar.

Leer artículo en La Jornada Guerrero

26 de septiembre de 2010

Pacto con Lobos

Exhibir cabezas o sicarios del narco y presentar un parte de guerra, como Informe de Gobierno, no basta. El Presidente de la República llega a su quinto año con un hándicap (número de “strokes”) difíciles de remontar. Las condiciones sociales y económicas del país contrastan con su versión. La realidad niega lo que dice. Las cuentas no cuadran, el diálogo no existe.
En la arenga que solo a él emociona, con frases que a nadie conmueven, con gritos que convocan a la unidad nacional que no supo o quiso construir, varios invitados corresponsables del desastre, dormían plácidamente. Los despiertos, conscientes de que el sexenio entra a su fase final, ponían caras de estar haciendo el favor con su presencia.
Aunque si ha pesado la conciliación que Felipe Calderón no supo propiciar y construir, el panorama desolador que tiene viviendo a medio país en condiciones de otro siglo, no escapan a la voracidad de una clase política que ha propiciado la grosera impunidad que se respira, que infesta a lo poco que queda de decencia de lo que debiera ser el propósito esencial de la democracia.
¿Por qué desaprovechar la oportunidad de lo que debiera ser un mensaje político y reducirlo a un informe de guerra? ¿Sobra ocuparse de las víctimas de la criminal política económica? Si bien México no es sinónimo de barbarie, poco falta para serlo. No nos engañemos.
Para gobernar hay que simplificar las cosas, decían los clásicos. La bestia (delincuencia organizada) está en nuestro bosque, imposible de eliminar si no apuntamos a las causas de su existencia, de su capacidad para multiplicarse y hacer de la violencia un recordatorio al Estado de su innegable fuerza.
Apostando más a un escenario bélico que a uno de responsabilidad histórica, Felipe Calderón, hizo de la guerra al crimen organizado prioridad de su gobierno. A partir de ahí, instituciones, fuerzas de seguridad, presupuesto y todo el aparato del Estado se orientaron a ese compromiso presidencial, por lo que no es casual que se presente a la Barbie como prueba de que su camino es el correcto y trofeo de última hora, en un reality show que nadie cree.
Los cuerpos de seguridad no engañan al presidente, lo obedecen, aunque en esos resultados y palos de ciegos violen la Constitución, elementales derechos humanos, harten a la sociedad y rieguen con sangre al país.
La relación entre el narcotráfico y corrupción, no es nueva y si el combate no es parejo, su fin no tiene para cuando. No solo combatiendo a la narcodelincuencia se acabará este flagelo, hay que establecer responsabilidades y encarcelar a los políticos que la consintieron, que se han beneficiado de ella y que hoy aparecen combatiéndola. Aunado al financiero, hace falta desmontar el poder político de los narcos. En este momento en Colombia se tienen encausados a 97 congresistas, decenas de jefes políticos regionales y alcaldes por sus vínculos con los narcotraficantes. ¿Por qué aquí no? Hecho esto, habrá oxigeno y credibilidad para discutir otras medidas.
Pero, en nuestro débil estatuto ético, se trata de justificar la “doctrina de seguridad democrática”, como si la clase política dirigente fuera una víctima y no un activo del problema.
En el daño que le causan a México no hay diferencia sustancial entre la actividad de la delincuencia organizada y una clase política no interesada en reconfigurar el poder del Estado, porque son parte estructural del problema. El enemigo está dentro de los poderes públicos, haciendo más daño que cien Barbies, Azules, Barbas o Chapos, con costos humanitarios y de corrupción brutales.
Las organizaciones criminales son hijas del poder, nacieron al lado de élites políticas y económicas, que les dieron cobertura. El pacto entre éstas no fueron palabras al viento, sino de logros mutuos por medio de la combinación de violencia, narcotráfico y política. Esa enorme conexión con el poder les permitió llegar a altos niveles del Estado y conocer cómo opera éste y, por su capacidad corruptora y criminal, terminaron imponiéndose al que tiene el capital político. Por eso el espectro nacional es dramático. En ese conflictivo reacomodo de pactos de lobos, embarraron al país.
Continuar con la actual estrategia, es perder más tiempo y vidas. No es necesario abrir la caja negra para entender la necesidad de otra visión del poder público. Es momento de dejar de hacer política con los unos, mientras se dice combatir a los otros. Las cosas ya no pueden seguir así. El riesgo de quiebre es gigantesco; el país está cancelando su futuro. Urge evitar el sacrificio de las futuras generaciones; combatir eficazmente la pobreza, más allá de la asistencia social; en pocas palabras, una visión integral, ambiciosa, fuerte, con rumbo claro y de largo plazo. Y si me apuran, es igualmente indispensable una gran y generosa reconciliación, en la que nadie saque ventaja; en la que dejemos de vernos con las etiquetas de buenos y malos que nos hemos colocado en la frente unos a otros. Total, cada quien sabe lo que ha hecho y dejado de hacer por este país.

29 de agosto de 2010

La Ruptura



La historia de los partidos políticos es también el recuento de sus escisiones. “La forma en que el Presidente de la Madrid impuso a su candidato, le permitió asegurar la continuidad de un grupo en el poder, pero dañó severamente al PRI en tanto que una organización plural”, escribe Luis Javier Garrido en La Ruptura, p. 171. Las causas y efectos de aquella escisión permanecen vivos en el debate y en el interés de los estudiosos de la ciencia política.

En el caso Guerrero, el acuerdo de los poderes fácticos del PRI en Guerrero “Todos Unidos Contra Aguirre”, llevaron a Ángel Aguirre Rivero al desacuerdo, al enfrentamiento, a la ruptura y finalmente a la candidatura de la coalición Guerrero nos une (PRD-PC y PT). Formado en la institucionalidad, deja bien claro que Zeferino Torreblanca Galindo es el jefe político de Guerrero.

“Yo hice gobernador a Ángel Aguirre” declaró ayer Rubén Figueroa Alcocer. En un estado con relaciones sociales y políticas premodernas esta verdad no debe sorprender, donde el compadrazgo, los lazos de amistad y el caciquismo no chocan con el discurso democrático y del “cambio”; al contrario, adquieren una importancia creciente en la conformación de las estructuras políticas al reproducir verdaderas redes de poder. “Ellos toman decisiones, imponen representantes políticos y ayudan a mantener las actuales formas de explotación, aún en contra de la modernización del aparato económico y del sistema político por el que pugnan algunos sectores”. (Caciquismo y poder político en el México rural). 

Je n’ai pas tout die.

 En esa realidad y de un PRD regional fracturado, y la estrategia pragmática del Dia (Diálogo para la Reconstrucción de México, PRD-PC-PT), Aguirre fue la salida natural para postular un candidato con innegables posibilidades de triunfo. Pero en política hay causalidades, no casualidades.

AAR incursiona en la política bajo la guía de don Alejandro Cervantes Delgado, quien no sólo sustituyó en la gubernatura a Rubén Figueroa Figueroa, sino hizo de su práctica política la búsqueda de un Guerrero de reconciliación y sin violencia. Con el lema Unidos por Guerrero, busca un reencuentro con la izquierda, muchos de ellos profesores normalistas como él, como Othón Salazar Ramírez, candidato del PCM, quien escribió: “ACD siempre fue bastante accesible, serio, pero accesible”. “Él fue siempre muy amable con nosotros”, recuerda don Pablo Sandoval Cruz. “Con el gobierno de Cervantes Delgado tuvimos un trato recíprocamente respetuoso”, asegura el ex rector Enrique González Ruíz. “Un punto a su favor fue la amnistía que permitió que luchadores sociales como Pablo Sandoval Ramírez pudieran regresar a Guerrero”, le reconoce su hermano Cuauhtémoc. En esa amnistía fue liberado Octaviano Santiago, Juan García Costilla y Aquilino Lorenzo Ávila El Llanta, éste militante de Vanguardia Armada Revolucionaria (VAR). Sobre ese Guerrero bronco, ACD, describe: “Cuando el agobio es mucho y no hay más salida que el reclamo, no solemos ser gente comedida, y esto es apenas natural cuando se lucha en una geografía como ésta, cuando se trata de poner a mano el saldo de la historia, no puede ser de otro modo”.

En esos años AAR, en su condición de Secretario Particular y posteriormente de Gobierno (1981-1987) se relaciona con viejos y nuevos dirigentes de izquierda como el extinto Armando Chavarría Barrera –con quien tuvo lazos de compadrazgo– a quien designó –ya como gobernador interino (1996-1999)– delegado de INEA, quien posteriormente fue candidato (externo) y diputado federal del PRD; Heriberto Noriega Cantú, secretario de Desarrollo Social; Aurelio Peñaloza, subprocurador; Benjamín Sandoval Melo, subsecretario de Turismo, entonces regidor y expresidente del Frente Cívico de Acapulco, colaboraron con su gobierno. Estrecha amistad cultivó con el actual dirigente nacional de Convergencia, Luis Walton Aburto, hombre de los afectos de don Alejandro y gratitud recíproca. “Estos vínculos adquieren una importancia creciente en las estructuras políticas. Entender estos lazos en las carreras individuales, llenan muchas lagunas que todavía se encuentran en nuestro conocimiento de la política mexicana en su conjunto”, señala Roderic Camp.

 “De ahí que los conflictos sociales y políticos muchas veces tomen la forma de lucha entre facciones y no de la lucha entre las clases cuyos intereses son antagónicos”, escribe Luisa Paré.

 La política guerrerense presenta caracteres específicos de formaciones sociales atrasadas. Esta es nuestra realidad. “Vivimos un régimen a medio camino entre el autoritarismo y la democracia, un animal político que concita todo tipo de perplejidades y las más variadas definiciones, de ahí que el discurso dominante sobre la transición haya terminado por convertirse en una suerte de evangelio, un dogma de fe confeccionado por los profetas de la democracia a la medida de sus ambiciones personales”. (Cesar Cansino). 

Leer artículo en La Jornada Guerrero

22 de agosto de 2010

Izquierda y Esperanza

La izquierda no está en su mejor momento. La izquierda es un entramado de sentimientos y una potente estructuración teórica. Su optimismo histórico, que la hace metodológicamente crítica es, antes que nada, un tributo a la esperanza. Sin la convicción de que el hombre y la sociedad pueden mejorar, todo cuestionamiento del presente se hace vacuo.

De la esperanza nace el coraje. Miles, sino millones han muerto por ideas libertarias; Allende en La Moneda, el Che en una selva de Bolivia, Rosa Luxemburgo recibiendo el culatazo artero, Robespierre en la guillotina; del líder campesino Rubén Jaramillo, ejecutado en Cuernavaca, o la persecución y aniquilamiento de Lucio y Genaro; cuántos bajo la tortura, el montaje criminal o lanzados al mar. La lista es gigantesca.

Mil formas de dignidad ha desplegado la izquierda. Recabarren se negó a asumir como parlamentario cuando se le trató de imponer un juramento religioso que violentaba sus concepciones científicas del hombre y el universo. El asesinato y martirio del senador Belisario Domínguez por su oposición a la dictadura de Huerta. Ese abanico de coraje, esperanza y dignidad no sólo es un sentimiento, sino también expresión de un optimismo histórico que teorizado por primera vez por Condorcet y Hegel, encuentra en Marx una síntesis notable como expresión superior de lucha por las libertades.

Aún en nuestros incomprendidos tiempos posmodernos de los que mucho se habla pero poco se comprende, las ideas de izquierda en su dimensión original, es decir libertaria, su desconfianza en el mercado salvaje, su opción por la ciencia, su visión integral del mundo (hombre-naturaleza), tienen renovada vigencia.

La izquierda ha sido la Casandra científica de nuestros tiempos. Hay también una tierra prometida, aun después de la caída del Muro y de las burocracias que reprimieron, asesinaron y enriquecieron en nombre del socialismo, millones han renovado, sobre todo en América Latina, su esperanza en un mundo mejor.

Los dolores que quedan son las libertades que faltan.

En la actualidad, preocupa la situación casi dramática de la izquierda: la desconexión entre el lenguaje y la realidad, el lenguaje de la gente. El lenguaje de la izquierda es un lenguaje a veces incomprensible, escrito en códigos para una minoría de elegidos, que busca mas ecos que voces, es un lenguaje que habla consigo mismo y, desde mi punto de vista, es uno de los factores de la impotencia tradicional de la izquierda para llegar a los grandes sectores populares.

Lo cierto es que, en cuanto a la comprensión de la realidad social, la izquierda ha avanzado poco. En ciertas áreas ha caminado resueltamente hacia atrás. Muchos quieren abordar un oxidado vagón al pasado, a las trincheras ideológicas que dividieron al mundo, corriendo el riesgo de aumentar su insólita colección de generaciones perdidas. Otros han perdido la cabeza al cruzar las vías del tren del pragmatismo. Ambas, corren el riesgo de desperdiciar, una vez más, su oportunidad política. Una izquierda afectada de dogmatismo poco sirve a la lucha popular y al mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros millones de pobres. Lenin ha escrito que la política es la economía concentrada. En esta hora, ojalá nuestro pueblo tengan la sabiduría para elegir gobernantes a quienes no les quede grande la camisa democrática.

Y ojalá también sepan resistir la tentación de quienes les prometen vergeles detrás de la democracia participativa, que puede ser un arma peligrosa en manos del populismo y la demagogia. Los problemas de nuestro atraso y pobreza no se solucionan con sustituir una democracia representativa disfuncional, por una democracia participativa caótica.

Afinar el discurso para que los votantes se sientan protegidos debe ser tarea de educación hacia el pueblo. Pese a sus diferencias, el diccionario político del siglo XXI debe unir a la patria. Es la hora de cambiar.

La esperanza nunca es un error, no importa cuántas veces sea defraudada.

Yo aún espero un nuevo día para Guerrero. Espero un futuro de grandeza para nuestros pueblos, y una izquierda vigorosa con una práctica política más congruente. Llegará el día en que la democracia, el desarrollo y la paz llenarán las alforjas de la región. Llegará el día en que cesará el recuento de las generaciones perdidas.

Leer artículo en La Jornada Guerrero