La dislocación principal reside en que en Guerrero, partidos y candidatos, están viviendo de ideas viejas en un mundo nuevo.
De aquí nacen las tragedias. No se dan cuenta que el motor ha dejado de funcionar. Las prácticas políticas siguen operando torcidamente, desperdiciando imperdonablemente la oportunidad que representa el proceso electoral que nos ocupa. ¿Hace cuánto tiempo dejó de ser una fiesta cívica, para convertirse en un juego de serpientes y escaleras?
Todo esto no es un reproche y muchísimo menos se pretende sugerir remedios caseros, sino la invitación a despertar o salir de la modorra que provocan las campañas (dan güeva, dicen los jóvenes).




