15 de octubre de 2013

Giap y Guevara



“Considero un alto honor prologar este libro basado en los escritos del general Vo Nguyen Giap, actualmente viceprimer ministro de la Defensa Nacional y comandante en jefe del Ejército Popular de la República Democrática de Vietnam. El general Giap habla con la autoridad que le confiere su larga experiencia personal y la del partido en la lucha de liberación. Por todo esto, la obra rebasa los límites de un episodio histórico determinado y adquiere vigencia para toda la zona y particular importancia para la mayor parte de los pueblos de América Latina”. Esto escribió Ernesto Guevara de la Serna El Che, en el prólogo del libro del general Giap, que se publicó en México (1971) con el título Guerra del pueblo, ejército del pueblo, Ed. Era, para dar respuesta a la controversia surgida por el uso adecuado de la lucha armada como medio de resolver las contradicciones insalvables entre explotadores y explotados, en determinadas condiciones históricas.


8 de octubre de 2013

Lecciones de la tragedia



Si hay un santuario de la corrupción, es Acapulco, lugar donde se recrean las prácticas de enriquecimiento desmedido y la irresponsabilidad oficial; paraíso donde de la noche a la mañana los políticos se hacen ricos y los sectores más vulnerables de la sociedad continúan en la miseria.

Los huracanes Manuel e Ingrid desnudaron la negligencia, el cinismo y la ineptitud de nuestra clase política.

Llegó el momento de cumplir. Llegó el momento de que lo ambiental sea una prioridad, un tema de seguridad nacional y de salud pública, no un asunto menor. Donde la protección civil se tome en serio y subordine a criterios técnicos y profesionales y no sigan siendo premios de campaña.

1 de octubre de 2013

Acapulco: Entonces y Ahora



El puerto más bello que ofrecen las costas del Océano Pacifico, como lo describe el barón Alejandro de Humboldt, ha sido víctima muchas veces de los cataclismos. Los terremotos intensos y repetidos; las crecientes extraordinarias de la mar; los huracanes devastadores; los temporales que parecen diluvios, han arruinado muchas veces la ciudad que se llamó de los Reyes. Orozco y Berra afirma que: Acapulco ha padecido diez ruinas, tres de ellas por terremoto, otras tres por huracanes y el resto por creciente del
mar". Esto lo escribe Vito Alessio Robles en su Acapulco en la Historia y en la Leyenda, obra de consulta permanente.

Agrega: Uno de los terremotos más intensos fue el de 1776, que causó la destrucción total de Acapulco, sin perdonar a la maciza fortaleza de San Diego, asentada sobre rocas a orillas del mar. Las espesas murallas de los parapetos, los muros revestidos de las escarpas y contraescarpas y los polvorines se derrumbaron estrepitosamente en la feroz sacudida, como si fueran frágiles paredes de castillos de naipes. En la ciudad no quedó una sola casa en pie.

24 de septiembre de 2013

La Joya de la Corona



Acapulco, la Joya de la Corona, vive el periodo más doloroso de su historia, golpeado de gravedad en el pulmón de la zona económica con mayor desarrollo e inversión, por el paso devastador de los huracanes Manuel e Ingrid. En comunidades y colonias populares sus efectos fueron más desastrosos..

Escenas dantescas se reencuentran. El mitológico Caronte*, el barquero de Hades, el encargado de guiar las sombras errantes de un lado a otro del río Aqueronte -si tenían un óbolo para pagar el viaje-, recorre las zonas inundadas. "Aquellos que no podían pagar el viaje, tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, para después, si había tiempo y lugar, accedía a portearlos".


17 de septiembre de 2013

Alejandro Cervantes Delgado



Todas las amistades surgen de la semejanza de costumbres, en donde el tiempo es una invitación a escribir. Hoy, se conmemora el 13º- aniversario luctuoso del profesor y economista Alejandro Cervantes Delgado, un caballero de la política, hombre decente, con quien tuve una relación formal, seria, no de gran intimidad pero cordial. Nació el 24 de enero de 1926 en Chilpancingo, el pequeño avispero, y murió el 17 de septiembre del 2000 en esta ciudad.

Quienes me conocen saben que no soy proclive a las loas ni a los panegíricos, por lo que si en esta ocasión me pronuncio favorablemente sobre alguien es porque realmente me siento justificado en hacerlo. Estas líneas no tienen otro objetivo que el de ser un testimonio respetuoso y sentido por la memoria de quien podemos afirmar algo que ciertamente no podemos decir de muchos otros personajes de nuestro medio político, a saber, que fue un hombre bueno y sobre todo honrado.